The Magic Numbers vuelve a Buenos Aires
Después del show que dieron el año pasado en el Beldent Random Music Fest, la banda inglesa vuelve a Argentina para presentarse el 21 de junio en Niceto Club. CONTINUAR LEYENDO…
Tour2011/Día 3 del Pohoda Festival, Eslovaquia.
Por José Bellas.
Fotos Marcelo Carballar.
Durante tres días consecutivos, la travesía diurna (de ida) y nocturna (de vuelta) uniò los 75 kilómetros de hermoso camino de montaña que separa con mil curvas a dos ciudades (Zlin, cuartel provisorio y general de Stage-D ,y Trencin, a cuyos pies se realizó el Pohoda) y dos países (República Checa y Eslovaquia) no hace tanto separados geográfica y políticamente.
Entre bambis que se cruzaban con afanes suicidas en plena ruta de noche y trámites burocráticos de frontera (mejor explicados por el amigo Paco Ayala de Molotov en su última columna exclusiva para Stage-D), el periplo siempre contó con el buen puerto de un festival íntegro, amable, excelentemente programado y organizado. A lo mejor, buscándole el pelo al huevo, se podría haber retocado la simpatía de los celosos guardias de seguridad, que parecían salidos de un outlet de matones de alguna película de la Guerra Fría, pero fue apenas un detalle.
Resumiendo, los pilares del cierre comenzaron con PIL. Sí, el segundo grupo más famoso de John Lydon, pilares del post-punk, atacó con su propio y particular grandes éxitos. Desde el primer tema, This is Not a Love Song, Lydon salió a renovar su propia leyenda. De traje claro y pelo parado, escupió a los costados, hizo gárgaras de vino tinto eslovaco, ironizó sobre política & religión, nos”condenó” a 11 apocalípticos minutos de Religion, nos hizo bailar con Seattle y recordó su mayor hit, Rise, con un cuarteto de ezcepción, dnde destacó Lu Edmonds (ex The Mekons y The Damned) con su muy a tono look de Rasputín en anfetas.
Entre tanto, Micachu & the Shapes mostró una pálida energía con respecto a sus actuaciones consagratorias de un par de años atrás y Beirut sumó público y respeto con su melancólico indie rock con alta profusión de vientos y colores, en el mismo escenario donde Israel Vibration coló el toque de reggae necesario en todo festival veraniego.
Entretanto, el escenario central nos encontró nuevamente encerrados entre el despliegue de baile flúo, exótico, intenso y rítmico de M.I.A., que no tuvo empacho en deslizar su lengua sobre la lente de la cámara de nuestro líder espiritual y ejecutivo (amén de fotógrafo y chofer) Marcelo Carballar, sin dejar de bailar y arengar por todas las causas perdidas del Tercer Mundo. En contrapartida, y luego de que su cerebro Geoff Barrow charlara en exclusiva con Stage-D, Portishead se recuperó de una apática actuación en Roskilde. Aquí, acaso más animados o mejor dispuestos, envolvieron la noche en magia. Visuales increíbles, sólidad, sutiles y sorprendentes, coronaron cada uno de sus temas, todos extraídos de sus tres discos, con especial detenimiento en Third (2008), el álbum que supuso un comeback glorioso y acaso su trabajo más experimental. Ráfagas de ruido, sonoridades de soundtrack, serenatas de fantasmas y esa magnífica banda sonando como quien profana el silencio en una noche de cementerio. Beth Gibbons celestial, como un ama de casa aburrida a la que una varita acaba de transformar en una Billi Holiday posmoderna, afila el aire y modifica el orden de los tejidos. Piel de gallina, entonces, para el cierre de un show inolvidable de un festival ídem.
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