The Magic Numbers vuelve a Buenos Aires
Después del show que dieron el año pasado en el Beldent Random Music Fest, la banda inglesa vuelve a Argentina para presentarse el 21 de junio en Niceto Club. CONTINUAR LEYENDO…
O cómo una sociedad que cree en la tecnología dejó de creer en la vanguardia de la música pop.
Uno de los libros más interesantes de los últimos tiempos en lo que a la cultura rock se refiere fue editado el año pasado con el rimbombante nombre de “Retromanía”. Su autor, Simon Reynolds, es uno de los más lúcidos críticos de la escena musical en el último cuarto de siglo y aquí condensa un par de años dedicados a la cada vez más acelerada obsesión de la música pop con su propio pasado.
Los datos y las evidencias dialogan con el proselitismo de Reynolds por el futuro: como joven fan del sci-fi en su adolescencia y de los nuevos sonidos en su vida público como cronista de música, este británico ahora radicado en Los Angeles no deja margen de dudas sobre los tiempos que estamos viviendo.
Lo dramático de este volumen, editado en Argentina por Caja Negra, es el callejón ¿sin salida? en el que se encuentran las cosas. Reynolds escribe, analiza y siente que muy grande y repentino tendría que ser el cambio para que la tendencia no sólo no se abandone, sino que recrudezca.
Como coda, instalamos la noción: la generación iPod parece estar más interesadas en el futuro de sus aplicaciones y en el gadget mismo que en el futuro de la música. Tener más capacidad, velocidad y diseño para almacenar canciones que les ofrezcan confort y familiaridad. Según Billboard, las descargas de música de catálogo por sobre las novedades están ahora mismo en su punto más álgido de disparidad: el 65 % prefiere comprar catálogo, por sobre un 35 % que elige las novedades. Y luego, que las novedades sean novedosas, otro cantar.
En el cacareado cierre de los Juegos Olímpicos, con toda su pompa y circunstancia, esa artillería de música británica que deslumbró sólo por ponernos en la cara lo mucho y bueno que ha producido el Imperio en esa materia en el último medio siglo, decaía en las muestras actuales, como si la pólvora (tal cual lo intuye todo el mundo) se hubiera ido agotando con la llegada del milenio. Inclusive, las muestras de “actualidad” resultaron tan desteñidas como Beady Eye haciendo un tema clásico de 1996 como “Wonderwall”, si se comprende la ironía. Lo bueno fue que cuando le tocó el turno al rapper londinense Tinie Tempah, los aceitados locutores finalmente nos dejaron escuchar su actuación: no tenían nada para decir. No tenían registrado a un artista formado en el último lustro. Más claro, échenle iPod.
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